¿Quién le dio al pequeño Dios, el centro gris del abismo?
No quiero dejar vacíos ni desprender mi alma. Todo me rodea, y me invita a seguir. Un arlequín, juglares, y nenes bailando. Y no estábamos felices. Un ejército de semifusas sumisas se caen, se desangran, y las heridas se empiezan a descubrir.
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