Que las gotas borren la maldad y curen las heridas, entregando asì las ùltimas pocas fuerzas reservadas para soportar la constante pisada del mundo.
Entre el vacìo quedan los vestigios del vértigo que antes gobernaba, las esperanzas vendidas y alguna que otra oportunidad descartada.
Sucia y pèrfida, buscarle el sabor a la derrota se vuelve más difícil con cada movimiento de la aguja del reloj, mientras mi cabeza, cada vez más abrumada no encuentra una banquina, en la que descansar.
Temblor, inmensidad.
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